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Zona 166, La nueva iglesia
#703

En lugar de ser la sal de la Tierra y la luz del mundo, la iglesia se ha convertido en un invernadero controlado en el que nos refugiamos temerosos, incapaces de vencer a la adversidad del mundo. Sin embargo, no podemos mantener a Dios encerrado en un edificio. Necesitamos una “mentalidad de estilo de vida”, para salir de nuestra burbuja cristiana y vivir nuestra vida para Dios, no sólo durante un par de horas de culto al Señor, sino durante las horas restantes de cada semana. Libremos a nuestras iglesias de todo aquello que sea una dificultad para los que se están acercando al Señor y proclamemos la liberadora verdad de Dios. Seamos parte de la “Zona radioactiva 166”.

El baile de la zarza
#702

Si bien es esencial que todos los cristianos aprendamos a llevar una vida de oración, de adoración y de devoción personal a Cristo, un sobre énfasis en estas actividades rápidamente nos puede apartar del enfoque en Jesús y de Su Reino. Es por eso que hoy más que nunca debemos entender que no vale la pena quedarnos a bailar frente a la zarza. Dejemos que la zarza se apague, porque ya cumplió su propósito. Salgamos de nuestro desierto y vayamos por los cautivos. Recordemos las palabras del Señor en Mateo 7:16: “Por sus frutos los conoceréis”. El mundo nos conocerá por cómo nos amemos los unos a los otros y no por nuestras pequeñas zarzas encendidas. Un mensaje inspirador.

Cerca de la quinta sinfonía
#701

Hoy en día muchas iglesias ofrecen más entretenimiento que adoración, más uniformidad que diversidad, más exclusivismo que programas de extensión y más ley que gracia. Sin embargo, a pesar de todos los errores que presentan, debemos ver con esperanza a la imperfecta humanidad de la iglesia y de sus líderes, ya que sabemos que Dios le ha concedido a la raza humana el mayor de los honores, al elegir vivir dentro de nosotros, frágiles vasos de barro. La iglesia debe ser el lugar donde celebrar nuestras diferencias y compartir nuestro amor por Él. Recuerda que tu iglesia imperfecta, incluyendo a tu pastor aún más imperfecto, es el noble intento del gran Maestro, de hacerte oír la melodía perfecta de Su Obra.

Los pecados de un pastor
#700

El corazón mutilado de una persona que ha sufrido, se parece mucho a un viejo muñeco de trapo que con el correr de los años se ha roto y hoy está tuerto y desvencijado. Y cuando el dolor se hace insoportable, lo más fácil es encerrarse en uno mismo, por miedo a que si se descubren nuestras heridas, nadie nos quiera amar. Sin embargo, debemos recordar que Dios es el zurcidor de muñecos rotos. Si sientes que tu vida está hecha jirones, si vives con una mancha de culpa que el tiempo no ha podido borrar, permítele a Dios arreglar el alma lastimada que te ha dejado marchito en el suelo. Recuerda que a pesar de nuestros pecados, nuestra vergüenza, confusión y traumas, Dios nos ama… Esa es la clase de amor que sólo Dios puede dar.