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Me olvidé de vivir
#718

Algunos pasamos nuestros días sumergidos en una red de compromisos y asuntos insignificantes que nos roban la vida; otros estamos eternamente anclados a éxitos y fracasos del ayer, o a sueños y temores del mañana. Pero el pasado está cerrado y el futuro aun está en construcción. Jesús quiere que vivamos un día a la vez. Aprendamos a simplificar lo más posible nuestra vida para aprovechar el hoy, que es lo único que tenemos. No esperemos a envejecer para vivir una vida con propósito. Comencemos a servir al Señor mucho antes de que nuestra salud desmejore o tengamos poca energía. Demos todo en la flor de la vida; no al final de ella; demos nuestro cenit, no las sobras. Recordemos que no todos los que han muerto realmente han vivido; así que, asegurémonos que cuando nos toque partir, la muerte nos sorprenda vivos.

Ricos y camellos
#717

Tu enfoque en la vida determina tu realidad. ¿Te encuentras enfocado en las cosas que tú quieres o en las que necesitan los demás? Esa es la diferencia entre el egoísmo y la compasión… también la diferencia entre la infelicidad y el gozo. Pablo mismo experimentó la riqueza de ‘ser’ y no de ‘tener’. Él descubrió que ya fuera que viviera en el lujo o en la cárcel, tenía más que suficiente porque había sido librado del yugo de tener. Nosotros también, al igual que Pablo, necesitamos descubrir la alegría de soltar, de dejar ir. Tenemos que estar dispuestos a vivir para dar y no para acumular. El hacer dinero es la manera en que nos ganamos la vida, y dar dinero es la manera en que hacemos una vida. Dar es un acto de confianza en el Señor, es una declaración de que nuestra seguridad descansa en un Dios misericordioso y proveedor. ¡Un mensaje retador!

El último tren a casa
#716

“Aun cuando yo pase por el valle de la muerte, no temeré, porque Tú estás a mi lado” (Salmo 23:4). La muerte no es algo que hay que temer, sino un viaje que se inició al nacer y que culmina con nuestro destino final con el Padre. Tarde o temprano todos tenemos que enfrentarla. Esta casa en que vivimos no es la última morada; nuestro hogar para siempre es el Reino de Dios. El día que nuestro telón final caiga, los mensajeros de Dios nos acompañarán en el último viaje de la vida… Y es Jesús quien nos dará valor para tomar el último tren a casa con dignidad, con entereza y con la certeza de que al Rey todavía le queda una jugada.

21 Gramos
#715

La clave para vivir una vida cristiana heroica, no es tratar de ser como Daniel en el foso de los leones; es ser como el Daniel que ora y cuida su alma todo el tiempo. Un alma profunda tiene la capacidad de entender y mostrar gran empatía por otros, no simplemente por sí misma. Un alma tiene profundidad especialmente cuando está conectada con Dios. El mundo conspira contra nuestras almas, manteniendo superficiales nuestras vidas; pero si cuidamos nuestra alma, si Cristo es nuestra ancla en las crisis y tormentas, entonces podemos, como hizo Daniel, hasta cambiar el curso de una nación. ¡Un mensaje inspirador!