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La armadura ajena
#521

Muchos vivimos la vida presionados por querer ser la persona que otros quieren que seamos y terminamos poniéndonos una armadura que no es nuestra, como hizo David al ponerse la armadura de Saúl para ir contra Goliat. Pero David recapacitó, se negó a ser una mala copia de Saúl y decidió enfrentar al gigante como David, como él mismo. De igual forma nosotros debemos vivir la vida con autenticidad, sin armaduras ajenas que nos limiten y sin reglas ni cargas que restrinjan nuestra libertad, porque el Señor nos ama tal como somos.

Borrando las evidencias
#520

Cuando fueron a aprehender a Jesús para llevarlo a la cruz, Pedro, en un arrebato, sacó su espada y cortó la oreja de uno de los siervos del sumo sacerdote. Entonces Jesús dijo: ‘basta ya, dejad’ y pegando la oreja al criado, le sanó, borrando así toda evidencia de la ofensa de Pedro. En la vida hay momentos de traición, de dolor, de pecado, que van a querer perseguirte por el resto de tu existencia, pero si te has arrepentido y has entregado tu corazón a Cristo, Él ya borró las evidencias -al igual que lo hizo con Pedro-, y ahora depende de ti que dejes atrás los lamentos, la culpa y el dolor. Recuerda siempre que, para Dios, eres más importante tú, que tus errores y tus pecados.

Infarto
#519

Así como hay ciertos síntomas que, cuando uno logra identificarlos a tiempo, hacen que sea posible prevenir un infarto, también hay síntomas que nos pueden ayudar a eludir un infarto espiritual. Y si hoy haces un auto-diagnóstico de tu vida y te das cuenta que escuchas la palabra de Dios y te aburre, que has perdido el anhelo de estar en Su presencia, que hace tiempo que no puedes orar y ya no lees la Biblia, es muy probable que tu alma esté cansada y estés al borde de un infarto espiritual. Tienes entonces que buscar el apoyo de alguien que sea más espiritual que tú, alguien que no te juzgue y te aliente a salir adelante, a no caer en malos hábitos, a volver a la disciplina de la oración y a buscar al Señor con todo tu corazón.

Hacer nada
#518

Alguna vez el Señor dijo: ‘venid a mí todos los trabajados y los cargados, que yo los haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros… porque mi yugo es fácil y ligera mi carga’. Tenemos que aprender a tomar en la vida las asignaciones difíciles con un yugo fácil, descansando nuestra alma en Él, sabiendo que el Señor nos acepta y nos ama como somos. Hagamos hoy un alto para descansar, tengamos un momento de ‘hacer nada’, para dejar que nuestra alma nos alcance y poder así encontrar nuestro propósito en la vida.