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Puja mientras oras
#598

La oración no es excusa para eludir nuestras responsabilidades. Josué recibe la bendición de Dios, la promesa de victoria y aun así marcha toda la noche para enfrentar al enemigo. De igual forma nosotros tenemos que actuar cuando enfrentamos adversidades. La gente que tiene una fe verdadera, no sólo ora, también actúa: siembra para cosechar, trabaja para comer, estudia para saber más, se involucra en las relaciones afectivas, planea sus finanzas para no tener deudas, participa activamente en la educación de sus hijos para que sean hombres y mujeres de bien. El Señor nos respalda y pelea nuestras batallas cuando nosotros tomamos la espada y vamos al frente con fe. ¡Un mensaje retador!

Caer hacia adelante
#597

Los grandes tropiezos en la vida pueden resultar en victorias también dramáticas; aun cuando no logremos entender el propósito de la caída en su momento y pensemos que no nos vamos a poder levantar jamás. Dios de alguna forma se vale de esa caída inesperada o de aquel tropiezo que nosotros mismos generamos por nuestras malas decisiones, para ubicarnos exactamente en el lugar que Él nos tiene destinado. No importa qué tan profundo sea el foso en que nos encontremos, siempre hay una nueva oportunidad, un nuevo camino a seguir… lo importante es avanzar a partir de la caída y tener el corazón y la mente abiertos para escuchar Su voz.

Cuando se oculta el sol
#596

Todos quisiéramos vivir sin problemas y sin complicaciones; pero la adversidad es parte de la vida, no podemos evitarla. En algún momento de nuestro andar, cuando las crisis vengan y el sol se oculte, se va a yuxtaponer nuestra fe con lo que nos toque vivir y, si nuestra fe no es fuerte, nos frustraremos y nos alejaremos del Señor. Sin embargo es en esos momentos difíciles cuando debemos pelear, cuando debemos luchar y orar… aunque nuestras oraciones no tengan una respuesta inmediata del Señor. Recordemos que entre la promesa y la paga siempre hay un desierto y que Su Gloria brilla más cuando se oculta el sol.

Otra vez
#595

A algunos las tormentas de la vida -ya sea un divorcio, una quiebra financiera o un hijo rebelde- nos golpean y nos hacen endurecer el corazón y vivir con el temor de que algo inesperado nos vuelva a lastimar. A otros la falta de frutos, a pesar de estar haciendo todo bien, nos frustra y perdemos el contentamiento de lo que estamos haciendo. Pero la Biblia nos enseña a no darnos por vencidos, se necesitan diez mil horas de vuelo para dominar cualquier disciplina. Sea lo que sea que nos haya dejado en la lona, tenemos que intentarlo otra vez. Abre tu corazón otra vez, intenta dominar tus adicciones otra vez, sigue tu llamado otra vez, vuelve al Señor otra vez. No bajes los brazos, no te rindas pues Él está contigo.