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Momentos sobrenaturales
#492

No vamos a ninguna parte por accidente, por suerte, por efecto de los planetas ni por casualidad. Dios nos ha enviado –o ha permitido que vayamos- al lugar donde estamos ahora, porque Él tiene un propósito para que estemos ahí. El Señor genera conexiones divinas y momentos sobrenaturales que no tienen explicación ni lógica para nosotros, pero que a fin de cuentas nos llevan a cumplir nuestro propósito en la vida, aunque todavía no sepamos bien a bien cuál es. Recuerda: Dios tiene una sincronización divina de las piezas de tu vida y no va a dejarte hasta que no te bendiga y responda todas tus oraciones.

Una segunda opinión
#491

Hay personas que se han quedado con una primera opinión negativa que alguna vez alguien les dijo; cosas como: ‘no vas a poder’, ‘no vas a sanarte’, ‘te va a ir mal’, ‘eres así porque lo heredaste y no puedes cambiarlo’… Esa opinión ha estado en tu mente por años, pero el Señor siempre tiene una segunda opinión que darte, una opinión que te dará fuerzas, que te dará la victoria siempre y cuando decidas dar un paso de fe, desaprenderte de lo viejo, ensanchar tu mente y trabajar duro para salir adelante. No importa tu edad ni tus genes, hoy Él te da una segunda opinión.

Rodeado de unción pero fracasado
#490

El gran juego de la vida no es llorar y reír, hacer la paz y hacer la guerra, amar y odiar en cualquier momento… el gran juego de la vida es saber cuándo hacer cada cosa, cuándo te toca avanzar y cuándo retroceder, cuándo tienes que tomar decisiones y cuándo tienes que quedarte quieto. Gieizi, criado de Eliseo, no supo entender los tiempos y terminó fracasado y con lepra a pesar de estar rodeado de la unción del gran profeta al que servía. Tenemos entonces que aprender a discernir qué tiempo estamos viviendo y aceptar los días de sol y los días de lluvia con la certeza que Él está con nosotros en todo momento.

Lejos de la orilla
#489

Uno de los milagros más extraordinarios del Señor fue cuando Él caminó sobre las aguas… sin embargo los discípulos pensaron que era un fantasma. ¿Por qué no le creyeron? ¿Por qué dudaron de Su poder si ya lo habían visto resucitar muertos, aquietar vientos embravecidos y sanar paralíticos? Quizás fue porque estaban en un bote lejos de la orilla y se sentían más vulnerables… Pero es allí, cuando nos alejamos del confort de la orilla cuando el Señor hace los mayores milagros.