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¿Estuve bien?
#581

Hay momentos en la vida en que Dios te va a pedir que hagas algo humillante, algo que, si no tienes tu estima sana, puede darle un golpe mortal a tu orgullo. Tal fue el caso de Naamán, que por orgullo se negaba a zambullirse en el Jordán para sanarse de la lepra. Pero cuando sabes que Dios te eligió desde el vientre de tu madre y te dio un propósito de vida, nada te humilla, dejas atrás tus inseguridades y no te importa lavar los pies de quienes están a tu alrededor. Cuando comprendes quién eres en el Señor y entiendes que Él te ama tal cual eres, dejas de fingir, aprendes a ser auténtico y no tienes necesidad de vivir buscando la aprobación de los demás.

La bendición fingida
#580

¿Cuántos de nosotros nos hemos pasado la vida fingiendo para agradarle a nuestros padres, a nuestros jefes o a nuestros cónyuges? Construimos fachadas, robamos una identidad para obtener bendiciones que no nos corresponden, como hizo Jacob al suplantar a su hermano Esaú para ganar la bendición del primogénito. Pero el Señor no bendice lo que no somos; después del engaño, Jacob pasó 21 años exiliado del su hogar. Recordemos que el Señor nos ama tal como somos ahora, con nuestras virtudes y nuestros defectos y esa realidad es la que Dios quiere bendecir.

Sigue cavando
#579

¿Qué pasa cuando sientes que a medida que tu fe va aumentando, tu situación empeora? Y es que oraste, clamaste, profetizaste y al final del día la situación no mejoró; entonces piensas que Dios te falló y tienes miedo de volver a creer. Ciertamente es difícil entender y aceptar que a veces la lluvia no llega a la mañana siguiente, como pensabas que iba a suceder, y que los cielos guardan silencio porque aún no estás listo para recibir lo que Él tiene para ti. Pero recuerda que Dios guarda todas sus promesas para el tiempo correcto y, mientras esperas, tienes que seguir cavando zanjas para poder acumular el agua de la lluvia que se avecina.

El síndrome de Jezabel
#578

La Biblia narra que el gran profeta Elías, después de derrotar a los profetas de Baal, huye temeroso ante la amenaza de muerte que le envía Jezabel, esposa de Acab. Elías se refugia bajo un arbusto y después en el interior de una cueva, harto de las peleas que ha tenido que luchar, deseando morir para terminar con sus pesares. El Señor entonces, lejos de sentir pena por el temeroso Elías, le exhorta con firmeza a comer y a que vuelva al campo de batalla a enfrentar sus miedos. De la misma forma, hoy el Señor nos exhorta a alimentarnos y fortalecernos todos los días con Su palabra y a salir -de nuestra cueva de incredulidad y culpa- al campo abierto donde, guiados por el susurro de Su voz, podremos lograr la victoria sobre todas las batallas.