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Habitación 107
#658

En un singular recorrido por el edificio de los Salmos, nos detenemos en la habitación 107 para analizar cuatro cuadros únicos que describen las circunstancias que el pueblo de Dios enfrentó a lo largo de su viaje; cuadros enlazados por un tema en común que hoy nos compete a todos: el sentimiento humano de impotencia. El paso por esta galería nos provoca la reflexión, pues es un canto a la amistad y fidelidad de Dios y un himno de acción de gracias por Su amor y Su misericordia, aun en medio de la tempestad.

A puro dolor
#657

Muchos protagonistas en las Escrituras sufrieron una noche oscura del alma: Job perdió todo, Sara luchó con infertilidad, Moisés fue un fugitivo durante cuarenta años, David tenía un suegro que intentó matarlo, María Magdalena poseía un demonio y Pablo tenía recuerdos de asesinatos quemando su alma. Sin embargo todos tenían algo más en común: oyeron la voz de Dios en su hora más oscura. Hoy más que nunca tenemos que aprender a discernir Su voz en medio del dolor y a confiar en que en el fondo más profundo y tenebroso se encuentra un Dios fiel y poderoso.

Escándalo
#656

Cuando hacemos las cosas mal, la mayoría de nosotros lo ocultamos y nos alejamos de la iglesia por temor a que nos juzguen. Pero es en esos momentos que debemos recordar que Jesús nunca fue legalista, ni juzgó a la gente; Él tocaba a los leprosos, defendía a las adúlteras, hablaba con samaritanos y tenía fiestas con recaudadores de impuestos. No importa si hemos fallado, Él ve la mejor parte de cada uno de nosotros -por más escandalosa que sea nuestra vida- y nos envuelve con Su gracia. La iglesia debe ser un hospital de almas, el lugar en donde la gente admite que ha caído, que está rota, y no el lugar en donde pretendemos que somos muy santos y espirituales.

El antídoto
#655

Hoy que atravesamos momentos difíciles debido a la pandemia, muchos pueden llegar a sentir que su vida está fuera de control porque su rutina diaria se ha visto afectada y su libertad ha sido coartada. Sin embargo, debemos todos recordar que el control no nos pertenece, Dios tiene el control y es el antídoto más poderoso para devolvernos la calma. Volvamos el rostro hacia Él, volvamos a lo básico y lo verdaderamente importante, a Jesús sin añadiduras. Las tempestades pueden ser una oportunidad para manteneros conectados con el Señor. Un mensaje que no te puedes perder.