VER MÁS VIDEOS
No sabía
#506

Hay dos situaciones en las cuales no estar conscientes de algo, tiene graves consecuencias en el ámbito espiritual. Las situaciones cuando lo sagrado se vuelve común y no reconocemos la presencia de Dios –como Moisés, que no sabía que tenía el brillo del Espíritu Santo en su rostro cuando bajó del monte; y las situaciones cuando no nos damos cuenta que hemos perdido la unción -como pasó a Sansón, que no sabía que Jehová se había apartado de él. Y nosotros no podemos darnos el lujo de no saber; tenemos que estar conscientes de nuestra relación con Dios, y adorarle con todo nuestro ser en espíritu y verdad, para gozar Su gloria.

Un código de lenguaje
#505

“La muerte y la vida están en el poder de la lengua”, Proverbios 18:21. Las palabras pueden construir o destruir, alentar o desalentar; comunicar verdades o transmitir mentiras, podemos traer paz o generar tensión, crear amigos o generar enemigos; por eso debemos cuidar no sólo las palabras que decimos, sino la intención con que las decimos. La vida se pasa rápido y debemos usar nuestro tiempo para ser de bendición, para edificar, para hacer que alguien se sienta bien con nuestras palabras y con nuestros actos.

Alegría en el dolor
#504

La Biblia relata que Job se regocijó en el Señor en medio de un dolor inquebrantable, a pesar de sentirse solo y derrotado por haber perdido familia, riquezas y salud. Algunas personas responden con ira y desaliento ante el dolor; otros fortalecen su carácter y comienzan a extender las estacas de su tienda, para recibir las bendiciones venideras. Cuando la decepción, la enfermedad, la traición o la muerte de pronto aparecen como un intruso en nuestras vidas, es ahí que se revela nuestro carácter y descubrimos quienes realmente somos y cómo reaccionamos.

Historia de camellos
#503

Dios nos dio pasiones y talentos para que vivamos la vida al máximo, con intensidad; pero si tenemos mentalidad de mínimo esfuerzo, vamos a quedarnos a mitad de camino de lo que pudimos haber sido y lo que pudimos haber logrado. Aprendamos a ser como la mujer samaritana que, dando la milla extra, le dio de beber a los camellos en medio del desierto. Seamos los mejores en todo lo que hacemos porque la diferencia entre un mediocre y un siervo de Dios, debe ser que este último no sólo haga lo que se espera de él, sino mucho más.