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La generación ‘X’
#594

Jueces 2:7 cuenta que mientras vivieron Josué y los ancianos, el pueblo sirvió al Señor, porque ellos habían visto todas las grandes obras que había hecho Dios; pero después se levantó una nueva generación -los hijos-, que no conocían al Señor. Si nosotros no hacemos algo para que nuestros hijos conozcan el amor y la gracias de Dios, ellos serán como los hijos de la generación de Josué. Tenemos que ser una generación ‘X’, una generación que conecta, que pasa los valores y deja un legado de integridad, de honestidad, de servicio al Señor. Es nuestra responsabilidad pasar la antorcha a las nuevas generaciones, para que ellos continúen la carrera. Un mensaje retador.

Tormentas de obediencia
#593

Y si Dios quisiera desatar su favor sobre ti y para desatar el favor necesita que pases por una tormenta? A veces las tormentas van a venir porque el Señor quiere forjar tu carácter y quiere que experimentes Su gracia. Lo único que tú tienes que hacer en medio de la tormenta es obedecer, seguir su voz y confiar en Él; así como lo hicieron los discípulos al permanecer en la barca en medio de la tempestad, porque sabían que no estaban solos, que el Rey del universo no los había abandonado y estaba orando por ellos en la montaña.

La banda de los gallos
#592

Cada vez que Pedro escuchaba a un gallo cantar, era un recordatorio de su traición al haber negado a Jesús durante su captura. Pero cuenta la Biblia que cuando Jesús resucitó, buscó a Pedro al despuntar el alba -cuando los gallos cantan- y al encontrarlo no le recriminó su traición, sino que por Su Gracia lo perdonó y lo comisionó para llevar la Palabra al mundo. Recuerda que no hay nada que puedas hacer para que Dios te ame más de lo que te ama y no hay nada que puedas hacer para que te ame menos de lo que te ama; Él te ama tal y como eres… y cada vez que escuches a los gallos cantar, no será un recordatorio de tu culpa, sino de Su Misericordia y de Su Gracia.

Reinventarse
#591

Todo lo bueno, lo malo, lo fácil o lo difícil que estamos viviendo, no es para siempre, es una temporada, sólo una etapa; y si tenemos la habilidad para reconocer en qué temporada vivimos, va a ser más fácil experimentar la guía de Dios. Mientras más pronto podamos reconocer cuándo una temporada ha terminado y otra ha comenzado, más pronto podremos reinventarnos y dejar atrás el pasado para adaptarnos a las nuevas circunstancias. Los tiempos cambian inevitablemente y debemos aprender a considerar cada temporada que atravesamos, como una oportunidad para crecer y acercarnos más al Señor.