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Tengo un mensaje y no sé cuál es
#423

Por cada persona que tiene un llamado del Señor, hay tres que se ofrecen sin tenerlo. Y cuando nos ofrecemos sin ser llamados los resultados suelen ser desastrosos, porque es como ofrecernos a construir un edificio sin saber de arquitectura; o como ser emisarios de un mensaje sin saber cuál es. Los ofrecidos por lo general carecen de autoridad espiritual y de autoridad delegada, no tienen la motivación correcta, les falta vocación. En cambio los llamados viven enfocados en cumplir su propósito aun cuando no se sienten capacitados o preparados, porque saben que el Señor transformará y perfeccionará las debilidades de su carácter.

El profeta anónimo
#422

Si te desvías del propósito que Dios te dio, la cobertura se va… y quizá no tenías que estar pasando la crisis financiera que estás pasando, tal vez esa enfermedad nunca debió haber tocado la puerta de tu hogar… ¿No será que te desviaste, te desenfocaste como el profeta anónimo y por eso te comió el león de la enfermedad, el león de la crisis financiera? ¿No será que te moviste de la protección divina? Cumple las órdenes de Dios; a eso se reduce todo, a obedecer. No te quedes a comer donde no te invitaron, no pases un día más llevando una vida gris que no te pertenece; enfócate, busca tu faro, busca tu destino y apunta a él todos los días de tu vida.

Bailar con Dios
#421

Las personas, cuando estamos frente a la Presencia del Señor, podemos reaccionar de formas muy distintas. Hay de los que sin comprender su grandeza, se olvidan de ella y la dejan abandonada en un rincón del corazón; otros no saben cómo tratarla y quieren restringirla con sus propias reglas y condiciones; otros más la atesoran y la cuidan como Obed Edom, y reciben bendiciones y prosperan porque sacrifican sus riquezas, tiempo y familia por seguirlo a Él. Y hay los que olvidándose de críticas y ataques, como el rey David, bailan y celebran Su Gloria con todo su ser y se atreven a hacer en Su nombre lo que muchos no pueden emprender.

Portero en vez de rey
#420

En una ocasión el rey David dijo: ‘vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la puerta, la entrada de la casa de Dios, que habitar entre los impíos’. Aun siendo un monarca, David prefiere ser portero de la casa del Señor porque entiende que así puede mantener la puerta abierta para que otros puedan entrar… por eso construyó un tabernáculo, para que todo el mundo pudiera celebrar la presencia de Dios. Y nosotros hoy debemos aprender a ser porteros de Su gloria, como hizo David, y a buscar Su rostro y no solamente Su favor.