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Capas de cebolla
#575

Si te preguntaran hoy quién eres, cómo te describes, ¿qué palabra utilizarías? ¿cuál sería tu carta de presentación? ¿Tímido? ¿Fracasado? ¿Alegre? ¿Esposo? ¿Doctor? ¿Divorciado? ¿Hispano? Tal vez te resulte difícil elegir una palabra para describirte, porque somos complejos y, como las cebollas, tenemos muchas ‘capas’ que vamos descubriendo a lo largo de nuestro andar. Algunas de esas capas nos agradan, otras no, pero todas son parte nuestra y van a definir la forma de pararnos ante la vida. Reconozcamos y aceptemos nuestros defectos y nuestras virtudes, porque Dios nos ama como somos, con todas nuestras capas de cebolla.

Yo también
#574

Todos tenemos debilidades de carácter, pero no todos las aceptamos; peor aún, algunos fingimos que no existen y escondemos nuestras fallas ante los demás y ante Dios. Pero debemos conocer y aceptar nuestros fallos, pues el Señor en ocasiones permite que los tengamos porque eso nos ayuda a identificarnos con todos aquellos que son débiles como nosotros. Recordemos que es en gran medida debido al dolor y a la humanidad que compartimos, que podemos ser empáticos y ‘tocar’ a las personas que nos rodean. Podemos ser de mayor bendición a los demás, cuando somos auténticos y humildes al decir: ‘yo también he pasado por eso’, ‘yo también he pecado como tú’, ‘yo también, a pesar de todo, he recibido la gracia y el amor del Padre’.

Estás en proceso
#573

Muchas personas creen que cuando aceptan a Cristo y pasan por las aguas del bautismo, dejan atrás sus pecados y se vuelven santos de inmediato. Pero el cambio lleva tiempo, no es algo instantáneo, así que tendrás que seguir luchando día a día con tus debilidades, con tu mal carácter, con tus adicciones. Y aunque en momentos te invada la frustración y sientas que no creces como persona, que tropiezas con la misma piedra una y otra vez, debes entender que el Señor está trabajando en ti, que eres un modelo sin terminar y Él te ama y te usará para Su gloria tal como eres; igual que amó y usó a Pedro, Moisés, Gedeón y David, con sus virtudes, sus luchas y sus imperfecciones. Un mensaje para atesorar.

No calificas
#572

Seguramente en algún momento en la vida has escuchado a alguien decirte que ‘no calificas’. En la escuela, en el trabajo o en la familia somos evaluados continuamente y esto nos puede llevar a dudar y preguntarnos si estamos a la altura de lo que Dios quiere de nosotros, de lo que nuestra familia espera que seamos. Pero uno no debe ir por la vida calificándose por el entrenamiento y la competencia, porque el sistema de calificación de Dios es diametralmente opuesto al nuestro; Él no mira lo que el hombre mira, Él mira el corazón. Para vivir en plenitud y ser mejores cada día, debemos aprender a aceptarnos como somos, con nuestros errores y debilidades, debemos confrontar esas partes que preferiríamos ignorar y entender que estamos en un proceso de cambio, que somos gente en reparación.