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Moriré el viernes
#472

Aun dos mil años después, la muerte de Jesús es la más importante y la más recordada de toda la historia del mundo ¿Quién sentenció su muerte? ¿Pilato, los romanos, los judíos, los sumos sacerdotes, el César, o la gente? ¿Cómo fue que un hombre manso y humilde que bendijo a los niños y que era amigo de los pecadores, amigo de la gente, acabó ejecutado como un enemigo del estado? Un mensaje revelador.

Promesas sin respuesta
#471

Cuando oramos al Señor, la mayoría de las veces queremos que responda en nuestros términos y en nuestro tiempo y nos frustramos cuando en vez de respuestas rápidas nos da promesas. Esa frustración nos puede llevar a volvernos religiosos y a perder de vista al Jesús puro y sencillo que nunca nos abandona; pero si aprendemos a confiar en las promesas de Dios, se irán fortaleciendo nuestros músculos de la fe y estaremos más cerca de Su rostro y Su gracia. Un mensaje que llenará de paz tu corazón.

Santo desierto
#470

Cuando estamos en medio de un desierto que nos lastima el alma, cuando arena se nos mete en el corazón y nos cuesta ver claramente el camino, probablemente nos amarguemos y nos enojemos con el Señor al sentir que Él nos abandonó en esa tierra intermedia entre la profecía y el destino. Pero es ahí cuando debemos recordar que los desiertos también son Tierra Santa, que es ahí donde Él nos lleva para procesar nuestro carácter y si no pasamos bien el desierto, no conoceremos Canaán. Si estás en el desierto no te apures, no te llenes de ansiedad ni te retrases; quítate las sandalias como Moisés y déjate moldear por el Señor.

Cerca de la puerta
#469

En ocasiones estamos tan ensimismados en nuestros problemas y en nuestras situaciones personales que no logramos ver la cosecha. Pero nuestra responsabilidad como cristianos es precisamente estar en la puerta para mostrar el camino a los demás, a los que pasan cerca y no se atreven a entrar. Así como Jesús amó a la mujer adúltera, al cojo, al de la mano seca, al inválido, al ciego, porque la cosecha viene de maneras inesperadas, nosotros debemos salir y llevar la Palabra de Cristo a quienes aún no tienen al Señor en su corazón. Si ahora mismo levantamos la mirada, podremos darnos cuenta que la cosecha está lista. Un mensaje inspirador.