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Agravios – Parte II
#542

La segunda parte de un práctico mensaje que nos ayudará a aprender cómo enfrentar los agravios que nos han lastimado y cómo superar aquellos que han dejado huella en nuestras vidas, para así poder vivir sin ser esclavos del rencor y del odio. Si logramos aprender a viajar liviano, si logramos perdonar y dar vuelta a la hoja para liberarnos de cargas que no son nuestras, conservaremos el corazón y el alma de niño… y viviremos más cerca del Señor.

Agravios – Parte I
#541

Es imposible pasar por esta vida sin haber sido agraviados, sin que alguien nos haya ofendido o herido. Pero antes de gastar energía y tiempo respondiendo a las ofensas o sintiéndonos víctimas, deberíamos categorizarlas, porque no todas las ofensas deben tener respuesta. Hay ofensas que no merecen un minuto de nuestro tiempo; debemos sacudirnos el polvo de los pies y avanzar. La primera parte de un mensaje que te ayudará a ser mejor.

Tras el viento
#540

Si todo el mundo tiene las mismas horas del día ¿por qué algunos parece que hacen más, consiguen más, tienen más y a otros no les alcanza el tiempo para nada? ¿por qué algunos logran sus objetivos y otros no los pueden lograr? La clave está en simplificar, en dejar de correr tras el viento, para dedicarnos a lo que es verdaderamente importante. Cuando corremos tras el viento, vamos de un sitio para el otro sin llegar a destino, nos cansamos, nos agotamos y al final de la vida no logramos nada. Sin embargo, cuando nos enfocamos y simplificamos la vida, es cuando vinculamos lo que hacemos con el llamado de Dios. Un mensaje para la reflexión.

Licencia para pecar
#539

Hay quienes piensan que, si algo no está explícitamente prohibido en la Biblia, tienen la justificación para hacer lo que quieren hacer, sin pensar en las consecuencias. Pero la Biblia no habla específicamente del uso de drogas, de pornografía, de alcoholismo, de homosexualismo, de tatuajes, de formas de vestir, géneros de música o estilos de baile. ¿Cómo saber entonces si lo que se está haciendo es pecado? Hay que usar el sentido común y preguntarse: ¿esto me conviene? ¿mi vida se va a reforzar si lo hago? ¿me edifica? ¿es un lastre en mi vida, que no me permite avanzar y crecer? ¿me ata? ¿me domina?… Cuando nuestro comportamiento se defina por estas preguntas, sabremos lo que es bueno y lo que es malo… y viviremos libres de verdad.