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Sin embargo
#522

Era viudo, parecía infeliz… sin embargo, rehízo su vida. Era pobre, sin recursos…sin embargo, las ventanas de los cielos se abrieron. Estaba enfermo, sin esperanza… sin embargo Dios lo sanó en una noche. A veces lo que te está separando de una vida de mayor bendición, es una última muralla que crees que no puedes vencer. Pero mientras tú estás esperando que Dios te de una victoria convencional sobre esa muralla, Él te puede sorprender escribiendo un ‘sin embargo’ en tu biografía. ¿No es maravilloso?

La armadura ajena
#521

Muchos vivimos la vida presionados por querer ser la persona que otros quieren que seamos y terminamos poniéndonos una armadura que no es nuestra, como hizo David al ponerse la armadura de Saúl para ir contra Goliat. Pero David recapacitó, se negó a ser una mala copia de Saúl y decidió enfrentar al gigante como David, como él mismo. De igual forma nosotros debemos vivir la vida con autenticidad, sin armaduras ajenas que nos limiten y sin reglas ni cargas que restrinjan nuestra libertad, porque el Señor nos ama tal como somos.

Borrando las evidencias
#520

Cuando fueron a aprehender a Jesús para llevarlo a la cruz, Pedro, en un arrebato, sacó su espada y cortó la oreja de uno de los siervos del sumo sacerdote. Entonces Jesús dijo: ‘basta ya, dejad’ y pegando la oreja al criado, le sanó, borrando así toda evidencia de la ofensa de Pedro. En la vida hay momentos de traición, de dolor, de pecado, que van a querer perseguirte por el resto de tu existencia, pero si te has arrepentido y has entregado tu corazón a Cristo, Él ya borró las evidencias -al igual que lo hizo con Pedro-, y ahora depende de ti que dejes atrás los lamentos, la culpa y el dolor. Recuerda siempre que, para Dios, eres más importante tú, que tus errores y tus pecados.

Infarto
#519

Así como hay ciertos síntomas que, cuando uno logra identificarlos a tiempo, hacen que sea posible prevenir un infarto, también hay síntomas que nos pueden ayudar a eludir un infarto espiritual. Y si hoy haces un auto-diagnóstico de tu vida y te das cuenta que escuchas la palabra de Dios y te aburre, que has perdido el anhelo de estar en Su presencia, que hace tiempo que no puedes orar y ya no lees la Biblia, es muy probable que tu alma esté cansada y estés al borde de un infarto espiritual. Tienes entonces que buscar el apoyo de alguien que sea más espiritual que tú, alguien que no te juzgue y te aliente a salir adelante, a no caer en malos hábitos, a volver a la disciplina de la oración y a buscar al Señor con todo tu corazón.