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Piel de rinoceronte
#526

Para sobrevivir en la vida, para salir victorioso de situaciones difíciles, tienes que tener carácter, tienes que tener una piel dura de rinoceronte para proteger lo que Dios te ha dado y permanecer en el propósito que Él te ha encomendado. Si logras entender y aplicar el principio de permanencia, nunca te detendrás en un momento de desánimo o por motivo de un fracaso; al contrario, precisamente en esos tiempos difíciles, te elevarás por encima de los problemas, porque sabes que la victoria de la guerra, al final, es lo que opaca las batallas que pudieras haber perdido en el camino.

Sin agallas no hay gloria
#525

La vida se trata de correr riesgos, de emprender, de avanzar y de aprender de los éxitos y fracasos que tengamos en el camino. Por tanto, hay que tener audacia para dar el primer paso sin temor, para arriesgarlo todo por cumplir nuestro propósito, porque sin agallas no hay gloria. Hay que emprender, aunque no tengamos todas las circunstancias bajo control, porque a veces las oportunidades llegan disfrazadas de crisis, pero sabemos que el control lo tiene el Señor y Él quiere bendiciones para nuestra vida.

Otra vez, bailar con la más fea
#524

Si bendices tu presente, Dios abrirá tu futuro, aun cuando por el momento te toque estar bailando con la más fea, en un trabajo que no te gusta, en un matrimonio que no funciona, o postrado en una cama de hospital. Pero debes dejar de llorar y dar gracias por los regalos que llegan a tu vida, por más imperfectos que sean. La vida no es un cuento de color rosa y tienes que aprender a reconciliarte con lo que tienes, con lo que eres y bendecir a tu Lea, bendecir tu realidad y celebrar tu vida en el Señor.

Libertad
#523

Muchos piensan que cuando llegamos al evangelio perdemos la libertad y somos esclavos de reglas y mandamientos que hay que cumplir por el temor al castigo, por el miedo a perder la salvación. Pero la libertad más profunda, la libertad que el alma necesita, no es la libertad de hacer o no hacer cosas, sino la libertad para convertirnos en la persona que Dios quiere que seamos. Cuando entendemos esta libertad, buscamos la santidad, no por temor al castigo, sino porque reconocemos nuestras debilidades y nos rendimos a un poder más alto que libera nuestra alma y nuestra mente y nos motiva a seguir siempre buscando ser mejores personas.