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Las cartas del enemigo
#439

Cuando estás asustado y temeroso, te sientes víctima del enemigo y pasas la vida esperando que te ataque; es entonces que pierdes la confianza y la fe y haces alianzas con personas incorrectas, firmas contratos que no debes firmar y te endeudas por encima de tus posibilidades. Pero no debemos bajar los brazos ante los problemas y cuando recibamos ese aviso de desalojo, esa carta del acreedor, ese diagnóstico médico que nos preocupa, o esa demanda judicial, debemos extender esas cartas simbólicamente delante de Dios para que Él pelee nuestras batallas con nosotros, evitando así que el enemigo robe el fruto de nuestra cosecha.

Iglesia de imperfectos
#438

La iglesia debería ser el lugar donde las personas tengan la confianza de admitir que han fallado; debería ser un lugar seguro donde poder compartir defectos, fracasos y adicciones sin caretas y sin fingimiento, como hizo Pablo a los corintios, al hacer alarde de sus debilidades; sin embargo la mayoría de los que asisten a las iglesias se llenan de posturas para parecer perfectos. Ser auténticos y transparentes no es fácil, hace falta más valentía para tratar de dejar de impresionar a los demás y despojarse de las vestiduras reales –como hizo David-, que para enfrentar un gigante. Tratemos de ser auténticos en todo lo que hacemos, porque la autoridad y la sana estima siempre devienen de la autenticidad.

¿Evangelista, pastor o ungido? – Parte II
#437

De haberse quedado en Betel como evangelista o en Jericó como pastor, Eliseo se hubiese perdido el segundo manto, el manto que recibes cuando estás sirviendo al Señor en el momento oportuno, en el sitio correcto. La doble porción del Espíritu no te la puede dar nadie que no sea el Señor y tienes que estar siempre atento para no dejarla pasar. Eliseo atrapa la unción porque estuvo con Elías en el momento en que ni sus seguidores ni los religiosos estaban con él, y con el segundo manto sobre sus hombros da marcha atrás para conquistar el Jordán, Jericó y Betel. Un mensaje para guerreros del Señor.

¿Evangelista, pastor o ungido?
#436

Al igual que a Eliseo le cayó sorpresivamente el manto de Elías, todos nosotros hemos recibido en algún momento el llamado de Dios, ese manto que llega cuando estamos ocupados y en ocasiones cuando ni siquiera estamos pensando en que Dios tiene un propósito para nosotros. Y cuando nos cae ese manto, podemos decidir quedarnos con él, hacer lo que Dios nos pide, o ir más allá y pedir una doble porción de unción. Si queremos ser un Elías, vivir en lo sobrenatural y partir las aguas, debemos obedecer ciegamente al Señor y estar dispuestos a darlo todo, a sacrificarlo todo. La primera parte de un mensaje que te hará reflexionar en tu llamado.