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#53 | No te limpies la sangre
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Dos hombres que regresan a sus hogares con una mancha de sangre, uno es un agricultor africano, el otro es un centurión Romano. Ninguno de los dos pensaba mancharse con esa sangre cuando esa mañana se levantaron. Ambos estarán cerca de la cruz “por casualidad”. No son religiosos, no siguen al Maestro, no saben quien es, no fueron discípulos, no se congregan, no lo conocían…hasta hoy. ¿Has ido de casualidad a un hospital y quedaste manchado viendo a niños llenos de tubos? ¿Has ido a un orfanato y viste a los niños como perritos esperando quién los lleve a casa? ¿Fuiste a un funeral por cumplido y saliste manchado viendo la desazón de los familiares? Vas a tomar la cruz…casi sin quererlo.

#52 | Milagros cotidianos
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Rara vez nos enfrentamos a conflictos en escala nacional o con dilemas mundiales: llegamos tarde a una cita de trabajo, dejamos olvidado un papel importantísimo en la oficina, se pierde la correspondencia, el tránsito está parado por un accidente y no vas a llegar al aniversario. ¿Qué sucede con las cosas pequeñas? ¿La vajilla rota y los perros extraviados? ¿Las gomas pinchadas y los vuelos atrasados? ¿Los dolores de muelas y la computadora que perdió todos los datos guardados? Dios tiene que supervisar el universo, mantener los planetas en equilibrio, vigilar a los presidentes y a los reyes… ¿Cómo le vas a hablar de tu uña encarnada?

#51 | Bienvenido a mi mundo
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La mayoría de la gente odia su trabajo y sienten que esas 160 horas al mes le arrebatan la vida. ¿Cambiar de empleo? Imposible, las obligaciones siguen galopando sin piedad. Pero Jesús borra la frontera entre lo secular y lo sagrado. A Él le importan tanto los domingos como tus miércoles. Sobre el fregadero de la cocina, Dios cuelga un letrero: “Aquí se hacen tareas divinas todos los días”. Tu escritorio es Su altar. Tu trabajo puede ser adoración! El tiempo que reniegas con tus hijos, con la tarea escolar, ¡es adoración! Vas a invitar a Jesús a subirse a tu vida.

#50 | Cadena de favores
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Nadie quiere vivir con una maleta equivocada. Los padres, maestros y líderes nos asignan maletas que no son nuestras y los que cargan maletas ajenas aborrecen los lunes, sueñan con los viernes y se arrastran el resto de la semana. Una epidemia de monotonía en “Villa aburrida” se roba la chispa de nuestros días. Pero si descubres tu propio equipaje, comienzas una cadena de misericordia. Haz ese pequeño cheque. Haz esa llamada telefónica. Ofrece una taza de leche. Siembra el grano de mostaza. Mete el grumo de levadura en la masa. Recoge la basura de alguien. Invítalo con un café. Una cadena sorprendente de pequeñas obras que cambian el mundo.