VER MÁS VIDEOS
#84 | Te metiste con el hombre equivocado
#

No estás solo contra el enemigo. El Señor te dice: “extiende las cartas del diablo delante de mi, que Yo voy a reprender al devorador por ti. No va a tocar a tus hijos, no va a tocar a tu familia; la enfermedad no va a llegar a tu casa, la miseria jamás va a ser tu compañía, a tu mesa nunca le faltará el pan”. Ha llegado el momento de decir: “Diablo ¡Te metiste con el hombre equivocado!”. Un mensaje que renovará tu espíritu y te llevará a hacer alianzas con Dios.

#83 | Infectados
#

La peor lepra que nos puede agarrar hoy en día es creernos que afuera están los mundanos, los inconversos y que nosotros tenemos que guardarnos en cuarentena.
La Biblia dice “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta el último lugar de la tierra”. La gracia de Dios es una insatisfacción santa que nos infecta como un catarro y que tenemos que ir contagiando a la gente a nuestro alrededor. Este mensaje te incita no solo a regalar gracia a tu familia y a tu círculo de amigos íntimos, sino a salir a las calles, a visitar hospitales y a liberar a los cautivos, para ser luz donde hay tinieblas y sal donde hay sinsabor. ¡Motivador!

#82 | Vino real
#

Un avivamiento es como una resucitación espiritual; es recibir oxígeno del cielo que inunda de bendiciones no solo a la iglesia, sino a nuestra casa y a nuestra vida cotidiana. Un avivamiento es una fiesta de Dios en la cual desde el mayor hasta el menor van a ser tocados, y en donde se sirve vino real en copas de oro. Dice el profeta Joel: “en la fiesta del Señor los niños profetizarán, los jóvenes verán visiones y los ancianos soñarán”. Sin embargo, nadie está obligado a beber el vino real, es tu decisión. Tú eliges si quieres pagar el precio de gozar de Su presencia.

#81 | El precio de la unción
#

La unción es como el aceite, se puede evaporar si no se cuida. Si dejamos que el tedio y la costumbre nos impidan maravillarnos con el mover de Dios, algún día nos podemos transformar en la sombra de lo que alguna vez fuimos en la unción del Señor. Somos maestros de los velos y aprendemos a proyectar lo que no sentimos; tenemos hábitos que nos roban tiempo de la presencia de Dios. Si queremos el beneficio de la unción, hay que pagar el precio; hay que tener hambre por la Presencia de Dios. No te puedes perder este mensaje.