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Sin bandera
#555

Si imaginaras que tu vida fuera una barca ¿cuál sería la bandera que te identificaría? Para algunos puede ser el temor, el abuso, una adicción escondida, la falta de estima, la mediocridad, o el éxito mal entendido… Todas esas banderas impiden que logres vivir la sobrenaturalidad del Creador, pero nunca estás muy viejo ni muy joven para emprender el camino del Señor. No cargues una bandera de divorciada, alcohólico, solterón, abusador, inválido. Recuerda que tú puedes cambiar; tira todas las banderas negativas de tu barca y navega sin bandera: sin miedos, sin frustraciones y sin limitaciones, para que puedas llegar a ser lo que el Señor quiere que seas.

El secreto del evangelismo
#554

La esencia de un cristiano no se ve cuando está en la iglesia, la esencia de un cristiano se ve bajo presión, cuando está en situaciones adversas y difíciles.  Pablo y Silas están cantando y alabando al Señor, haciendo un evangelio subversivo y transformador, aun cuando están presos. Y su comportamiento ablanda el corazón del carcelero hasta el punto que él rogará que le digan cómo puede ser salvo. Entender que Dios es bueno en los días de recesión y en los días de provisión, y tener contentamiento en medio de las tribulaciones, es el secreto del evangelismo. Un mensaje para reflexionar.

Tu Domingo es hoy
#553

Un mensaje para aquellos a quienes la vida se les ha hecho más pesada de lo que soñaban cuando niños: el matrimonio no ha sido un lecho de rosas, criar hijos no es un paseo por el parque, trabajar duro no ha resultado en las recompensas como se ve en las películas, o la salud es algo que se escapa día a día entre los dedos. Todo lo que estás viviendo va a pasar y hoy podría ser tu Domingo, el día en que termine para siempre tu luto, el día en que Dios te levante y resucite tu vida y tus sueños adormecidos. Y entonces las cicatrices que te queden serán el recuerdo de todo lo vivido y superado, de todo lo que te hizo fuerte y alimentó tu fe en Él.

El bastardo pródigo (Versión extendida)
#552

Jamás dejamos de ser hijos de Dios; no es que cuando pecamos perdemos nuestra condición de hijos y nos convertimos en bastardos, no es así. Aun cuando nos sintamos –o seamos- los más grandes pecadores, Él nos sigue amando, nos abre Sus brazos y nos otorga Su gracia. Entender esto no nos da licencia para pecar; por el contrario, entender Su gracia nos permite acercarnos con arrepentimiento sincero al Señor para dejar la culpa a Sus pies y nos inspira a vivir un nuevo comienzo liberados, sin un lastre que arrastrar.