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Quién sabe qué traerá la marea
#612

Cuando enfrentas las vicisitudes de la vida, lo peor que te puede pasar es que dejes de mirar al futuro, que dejes de tener esperanza… y cuando esto pasa, a veces te aíslas y no eres capaz de ver la salida por causa de tu indecisión, por no tener la garantía de que vas a obtener el resultado que quieres; por estar esperando las condiciones perfectas para dar el primer paso, o por temor al fracaso. Pero tienes que emprender en fe, levantarte cada mañana en tu isla de tribulaciones pensando que la marea hoy puede cambiar, que la marea hoy podría traerte una vela que te permitirá salir de la isla y te llevará de regreso a casa. Un mensaje para fortalecer tu espíritu.

Nada que perder
#611

Pensar que las tribulaciones vienen solamente para los que no tienen a Dios o para los que lo tienen, pero están haciendo las cosas mal, es una falacia. Siempre hemos visto la crisis como si fuesen originadas por la mano negra del enemigo; nos cuesta entender que a veces los momentos duros que nos toca atravesar son permitidas por el Señor, nos guste o no nos guste, porque Él necesita saber que nuestro gozo y fidelidad no dependen de una buena salud, ni de una próspera situación financiera. Las crisis nos hacen fuertes, nos transforman en personas que viven la vida como si no tuviesen nada que perder y no temen más a las tormentas, a los cambios en la economía, a la enfermedad, e inclusive a la muerte… porque su confianza está basada en el Señor, en Su infinito amor y en Su misericordia.

Está bien que no estés bien
#610

La vergüenza es muy parecida al colesterol. Hay una vergüenza buena que viene con la convicción de pecado, llevándote a cambiar y ser mejor persona; y hay otro tipo de vergüenza, la mala, que tapa las arterias espirituales, provoca un infarto al corazón y no te deja acercarte a Dios. Entonces, hay que entrenar nuestros corazones para que aprendan a escuchar la voz del Señor por encima de nuestra vergüenza y de nuestra culpa, ya que en la medida en que logremos reconciliarnos con lo que hemos sido y lo que hemos hecho, podremos crecer y ser libres en el Señor.

No estoy saludando, estoy ahogándome
#609

En ocasiones los problemas y las crisis convergen en tu vida como en una tormenta perfecta, y sientes que te ahogas en un mar de ansiedad, de tristeza, de desolación… y en medio de tu depresión llegas a pensar que el Señor te abandonó. Pero debes comprender que tus heridas fortalecen tu carácter, que las batallas no son un castigo del enemigo… sino que a veces Dios tiene que permitir que sientas que estás ahogándote para que logres enfocarte en lo verdaderamente importante, como pasó a tantos héroes de la Biblia, que tuvieron que luchar incontables batallas en su camino hacia el Señor.