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Culpable soy yo
#530

En ocasiones nuestra parte oscura sale a la luz y tenemos pensamientos lujuriosos, pegamos gritos a los hijos, maltratamos al cónyuge, traicionamos, causamos dolor… y después nos invade una culpa incontrolable que gobierna nuestro ser. Entonces adormecemos la culpa con una botella de tequila, o la negamos, o la castigamos volviéndonos legalistas, o la desviamos dirigiendo nuestra ira contra otros y eso hace que nos transformemos en cristianos infelices, agotados y preocupados. Sin embargo, debemos recordar que Dios detesta el pecado, pero ama al pecador, por eso debemos, con humildad, entregar la culpa a los pies de Jesús y confiar en Su gracia inagotable y Su perdón.

Días de transición
#529

Para llegar a la meta, para cumplir nuestro propósito, todos tenemos que pasar por una etapa de transición, que suele ser difícil y dolorosa por los cambios que implica y la frustración de no ver la victoria al final del camino. Y es precisamente en estos días de transición, cuando estamos más vulnerables y podemos tomar una mala decisión. De ahí la importancia de ser y tener a nuestro lado, personas que nos alienten, que nos ayuden a controlar nuestra frustración y a no perdernos en el camino; alguien como Abigaíl, que al hablar con David lo calmó, evitando que tuviera un arrebato que afectara negativamente el curso de su historia.

Ansiedad
#528

Si no te ríes a menudo, si ya no disfrutas el sol, si ya no silbas mientras caminas, si la felicidad ajena te molesta… es muy probable que sufras de ansiedad. Cuando tienes ansiedad agrandas los problemas y vives preocupado y con miedo por cosas que nunca van a pasar. Pero debes confiar en el Señor y guiar tu vida por las palabras que escribió Pablo a los filipenses: ‘no se inquieten por nada’. Piensa todo lo verdadero, lo respetable, lo justo, lo puro, lo amable, lo que es digno de admiración y elogio… y la ansiedad se irá y vendrá una paz que sobrepasa todo entendimiento. Un mensaje para atesorar.

Apenas bronce
#527

Cuando tú te empeñas en mostrarte ante los demás como no eres, te vuelves un impostor, alguien que, como Roboam, pretende reemplazar escudos de oro, con escudos de bronce. Pero los escudos de bronce no sirven; te ocultan, te tapan un poquito, pero no puedes librar ninguna batalla con ellos, porque requieren más cuidados, no soportan altas temperaturas y se oxidan fácilmente. Para ir a la lucha protegido, necesitas escudos de oro, de pureza, de honestidad, de santidad, de oración, de genuina búsqueda del Señor. Ser auténtico, es la única forma en que Dios te va a ayudar a recobrar lo que el enemigo te robó.