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Traseros de bueyes
#586

La primera aparición de Eliseo en las Escrituras no lo describe como un profeta, o como alguien excepcional; por el contrario, lo describe como un hombre común, dedicado a cuidar una yunta de bueyes. Eliseo se levanta cada mañana y va siempre al final de la yunta, tragando polvo, oliendo estiércol y viendo a su paso los traseros de todos los bueyes delante de él. Así como Eliseo, muchos nos sentimos en medio de la rutina, metidos en una relación o en un trabajo donde sólo permanecemos por costumbre o por cumplir un horario y, sin darnos cuenta, hemos perdido nuestros sueños y propósito. Sin embargo, debemos recordar que todo cambia para Eliseo cuando Elías le tira el manto; así cambiará nuestra vida si decidimos seguir Su voz y si liberamos nuestra mente de ataduras para enfocarnos en Él.

Rodeados – Parte II
#585

En ocasiones nos sentimos solos ante la vida, no porque esa sea la realidad, sino porque tenemos los ojos cerrados y no nos damos cuenta que el Señor está, ha estado y estará presente siempre. Siempre hay ángeles rodeando nuestra economía, nuestras finanzas, nuestros hijos, nuestra salud; puede ser que tengamos algunos días grises, pero los días soleados son más. Abre tus ojos espirituales, como hizo Geizi ante el ejército enemigo y así podrás ver, al igual que él, al ejército más grande que está a tu lado en las batallas. Recuerda: no estás solo, te está protegiendo el Señor.

Rodeados – Parte I
#584

Las personas negativas, las frustraciones, la presión social para que seamos ‘normales’, pueden de momento hacernos sentir que estamos rodeados por el enemigo, sin escapatoria alguna. Y cuando nos sentimos rodeados, vivimos con incertidumbre y temor, haciéndonos vulnerables a creer las cosas negativas que nos dicen y que lastiman nuestra estima. Si hoy te encuentras al borde del barranco, debes recordar que no estás solo y nunca estarás solo, porque el Señor está contigo y pelea tus batallas por ti. La primera parte de un mensaje para recargar tu espíritu.

Tras el filo perdido
#583

Hay momentos en la vida en que sin darnos cuenta perdemos la pasión por el Señor y estamos desanimados, con un vacío que nos agobia y que no sabemos cómo llenar. Es entonces que vamos pasando los días en piloto automático y sentimos que luchamos mucho, trabajamos mucho y no avanzamos. Nuestra mente está ocupada con la monotonía de la vida cotidiana y eso nos impiden acercarnos a Su presencia; perdimos el enfoque, como el discípulo de Eliseo perdió el hacha en el río. Si queremos recuperar el filo del hacha, tenemos que identificar la causa por la que perdimos la pasión, tenemos que volver al sitio donde perdimos todo lo que habíamos logrado y a partir de ahí podremos recuperar la comunión con Dios.