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Lo que tengo, te doy
#488

Con el correr del diario vivir, uno se va olvidando de lo que Cristo hizo por nosotros en la Cruz; pensamos que se trata sólo de la salvación, cuando en realidad Él nos dio autoridad sobre la sanidad, la prosperidad, la santidad. Hay muchas cosas que nosotros no usamos por desconocer que las tenemos, y nos volvemos dependientes de otros para alcanzar la gracia, el perdón y el amor del Señor. Démosle a Él lo que tenemos, nuestras virtudes y defectos, nuestros talentos y debilidades y nunca faltará Su luz en nuestra vida.

La batalla de los tres días
#487

Muchas veces cuando enfrentamos una tormenta en nuestra vida tomamos decisiones equívocas, no por las decisiones en sí, sino porque no esperamos el momento correcto para tomarlas. Recordemos que las batallas siempre se libran en tres días, conforme a los tiempos del Señor: el momento de la crisis, el momento donde no pasa nada y hay una batalla oculta en los cielos, y la liberación del tercer día. Aprendamos a esperar en fe la llegada del tercer día!

Vida sin milagros
#486

Así como los fariseos estaban aferrados a la ley y oraban mientras se perdían la gracia que caminaba sobre las calles de Jerusalén, hay gente que vive una vida sin milagros por escepticismo, porque lo sagrado se volvió común, por el dolor de una oración que no fue aun respondida, por desilusión, o por preferir cuidar una ley antes que amar al Dios que hizo la ley. Pero si nos enfocamos en lo importante y aprendemos a disfrutar lo que ocurre durante el viaje de la vida, si no perdemos el asombro y la reverencia por el Señor, nos daremos cuenta de los milagros cotidianos que continuamente pasan a nuestro alrededor.

El pecado del silencio
#485

Provocar la paz a veces demanda tener una actitud de guerra. Los cristianos no podemos darnos el lujo de seguir en silencio por temor a ofender, a confrontar. Los cristianos tenemos que provocar alboroto, diciendo las cosas de Dios con el espíritu correcto, en el momento correcto y bajo la unción correcta, aunque se rasguen las vestiduras los religiosos, los inconversos o los ateos. Si no actuamos hoy, algún día tendremos que arrepentirnos no sólo por nuestros errores obvios, sino por aquello que no dijimos, por aquello que no confrontamos y por las veces que guardamos silencio perdiendo oportunidades para salvar almas perdidas.