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El otro Dios
#669

Muchos cristianos adoran a un Dios que no conocen, como hacían los romanos en el areópago. Adoran a un Dios castigador que impone reglas y juzga a los pecadores, haciendo de las iglesias un club de ‘santos’ al que es muy difícil ingresar. Pero para Dios no hay indeseables. Su gracia no discrimina. Jesús anduvo con pecadores, tocó a leprosos y enfermos, comió con recaudadores de impuestos y habló con adúlteros y prostitutas. Él rompió las reglas del juego y se rebeló contra el estado. El otro Dios que muchos no conocen, prefiere las peticiones de un pecador ordinario a las súplicas de un profesional religioso. Un mensaje para reflexionar.

Gente Rota
#668

Todos somos gente rota tratando de escondernos tras los arbustos para que nadie vea nuestro lado oscuro y vivimos llenos de culpa y vergüenza por las malas decisiones que hemos tomado. En ocasiones anestesiamos esa culpa entregándonos a un vicio, a veces la negamos o tratamos de justificarla con mentiras y con frecuencia nos castigamos con penitencias dolorosas disfrazadas de “sana doctrina”. Sin embargo debemos recordar que ninguna mala acción descuenta nuestra salvación. El Señor, en su multiforme gracia, nos ama tal cual somos y continuamente nos llama a salir de nuestro escondite; sólo debemos entrenar nuestros corazones para escuchar el amor de Dios por encima de nuestra vergüenza. Un mensaje para sanar las heridas del alma.

Esenciales
#667

En el mundo natural es fácil pensar que si das más, te quedas con menos, pero la economía de Dios no funciona así. Cuando pones a Dios en la ecuación, el resultado siempre excederá a la suma de los componentes de tal forma que tus cinco panes y dos peces pueden ser más esenciales de lo que imaginas… si tan sólo los pones en Sus manos. Cuando dependes del estado y el estado te esclaviza, el comer carne y cebollas no compensará tu libertad perdida, pero mientras nos centremos en las cosas que Su corazón atesora y hagamos escuchar nuestra voz y valer nuestras convicciones, Él se ocupará de los resultados. ¿O acaso crees que hoy se ha cortado el brazo de Jehová?

Milagros en el 666
#666

En el siglo uno, los fariseos se perdieron de ver al Mesías y los milagros que sucedían a su alrededor porque los cegaba su legalismo, el temor a la ley de los hombres y el celo por cuidar la sana doctrina. Y esa ceguera está afectando hoy a gran parte de la iglesia, que vive atemorizada en las trincheras esperando que el fuego pase, olvidando que el Señor es hoy el mismo aguerrido León de Judá que sigue rugiendo, haciendo milagros y repartiendo bendiciones como ayer. Pero para que los milagros ocurran debemos buscarlos; debemos ir a Su Presencia y orar con fervor, esforzarnos, desafiar los protocolos y bajar hasta el estanque de Siloé. Dejemos nuestro manto de seguridad y la autocompasión atrás y arriesguémonos a caminar en fe. ¡Provoquemos los milagros de una Iglesia con poder!… aunque se ofendan los fariseos.