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No mires al cielo
#675

Si no alcanzamos a discernir la presencia de Dios en el mundo, quizá es que la hemos estado buscando en los lugares equivocados. Jesús no dijo que lo encontraríamos dentro de un templo. El Señor habita en cada uno de nosotros. Cuando Jesús se fue, dejó las llaves del Reino en nuestras manos; ¡Pero nos la pasamos mirando el cielo, en vez de mirar a la gente! Y para ver a Jesús en la gente, tenemos que estar conscientes que nosotros también somos gente que necesitamos de Su gracia y de Su amor incondicional.

Historias íntimas
#674

Jesús no vino para sanar a las personas del mundo, sino para sanar sus almas; de lo contrario, habría hecho una gran cruzada de milagros en pleno Jerusalén y todos se habrían convertido. Él sabía que los milagros no producen fe… es la fe la que produce milagros. Por eso debemos vivir

El silencio de los corderos
#673

En muchas ocasiones la iglesia nos ha calificado según lo que hacemos, en lugar de hacerlo según nuestra relación íntima con Cristo. En consecuencia, hemos vivido convencidos de que mantenernos en el camino del Señor requiere ir a los templos todas las semanas, cumplir cientos de reglas a fin de evitar caer en pecado y participar en muchas actividades de la iglesia. Nos transformamos entonces en corderos mudos, en ovejas clonadas, en personas a quienes los líderes tienen que controlar de cerca para medir nuestra santidad. Pero esta pandemia es la oportunidad de ver el evangelio simple de Jesús con ojos nuevos y así poder dejar de ser corderos silenciados, para convertirnos en leones aguerridos que luchen por la verdadera iglesia de Cristo

El ungido menos pensado
#672

Los fariseos enseñaban que las enfermedades se producían a causa del pecado de las personas, quienes era consideradas sucias e inmundas; por eso las leyes de Levítico prohibían el contacto con los enfermos, los gentiles, los cadáveres y ciertos animales. Pero Jesús, al acercarse a los inmundos invirtió el proceso del contagio y en lugar de contaminarse, Él fue quien sanó a los enfermos, les dio ministerios y los comisionó para llevar Su nombre por el mundo… Jesús siempre eligió a los ungidos menos pensados, porque en lugar de concentrarse en sus defectos, se enfoca en su deseo de Dios. Un mensaje para atesorar.