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Promesas sin respuesta
#471

Cuando oramos al Señor, la mayoría de las veces queremos que responda en nuestros términos y en nuestro tiempo y nos frustramos cuando en vez de respuestas rápidas nos da promesas. Esa frustración nos puede llevar a volvernos religiosos y a perder de vista al Jesús puro y sencillo que nunca nos abandona; pero si aprendemos a confiar en las promesas de Dios, se irán fortaleciendo nuestros músculos de la fe y estaremos más cerca de Su rostro y Su gracia. Un mensaje que llenará de paz tu corazón.

Santo desierto
#470

Cuando estamos en medio de un desierto que nos lastima el alma, cuando arena se nos mete en el corazón y nos cuesta ver claramente el camino, probablemente nos amarguemos y nos enojemos con el Señor al sentir que Él nos abandonó en esa tierra intermedia entre la profecía y el destino. Pero es ahí cuando debemos recordar que los desiertos también son Tierra Santa, que es ahí donde Él nos lleva para procesar nuestro carácter y si no pasamos bien el desierto, no conoceremos Canaán. Si estás en el desierto no te apures, no te llenes de ansiedad ni te retrases; quítate las sandalias como Moisés y déjate moldear por el Señor.

Cerca de la puerta
#469

En ocasiones estamos tan ensimismados en nuestros problemas y en nuestras situaciones personales que no logramos ver la cosecha. Pero nuestra responsabilidad como cristianos es precisamente estar en la puerta para mostrar el camino a los demás, a los que pasan cerca y no se atreven a entrar. Así como Jesús amó a la mujer adúltera, al cojo, al de la mano seca, al inválido, al ciego, porque la cosecha viene de maneras inesperadas, nosotros debemos salir y llevar la Palabra de Cristo a quienes aún no tienen al Señor en su corazón. Si ahora mismo levantamos la mirada, podremos darnos cuenta que la cosecha está lista. Un mensaje inspirador.

El síndrome del enanismo
#468

A los enanos espirituales no les gusta aprender ni crecer. Son personas inmaduras que cree que para ser cristiano es suficiente asistir habitualmente a la iglesia los Domingos y no buscan estar con el Señor el resto de la semana. Pero la madurez espiritual es buscar al Señor no por obligación ni por costumbre, sino por amor. Cuando tienes madurez, viene la prosperidad y la disfrutas y si vienen tiempos de escasez sigues confiando en Él; amas al Creador en la salud y en la enfermedad, cuando estás en compañía y en tiempos de soledad, cuando sientes Su presencia al orar y aun cuando no sientes nada. ¿Eres un cristiano maduro o un enano espiritual?